escuela sensible al trauma

Un nuevo modelo educativo basado en la sensibilidad al trauma, la educación somática y la cultura restaurativa.

La escuela como un lugar de transformación humana y social

La escuela quizás sea el contexto social que reúne mayor potencial de cambio y reparación. En ningún otro contexto hay tanta población sensible, y tantos profesionales cualificados para acompañar la infancia y juventud. A la luz de la necesidad -cada vez más clara-, de construir sociedades amables, tenemos la oportunidad de resignificar la escuela como un lugar en el que se forman las personas con aprendizajes significativos, no sólo en lo académico, sino también en cuanto a los valores y los recursos necesarios para esa sociedad que soñamos posible.

Después de entender como las vivencias nos construyen personal y socialmente, sabemos que necesitamos escuelas que acompañen, sostengan y reparen. El aumento del malestar emocional, la violencia entre iguales, el agotamiento docente y la fragmentación del vínculo entre escuela y familia nos piden una transformación profunda. La propuesta de Escuelas Sensibles al Trauma nace como un movimiento de innovación educativa que coloca la experiencia humana en el centro.

Este modelo considera a los adultos como modelos de regulación emocional y seguridad. Entiende el cuerpo como territorio pedagógico. Y reconoce la escuela como un sistema secundario de apego.

En una escuela sensible al trauma se comprende que no es lo mismo estar escolarizado que acceder al aprendizaje. El origen de este movimiento está en cumplir con el derecho de los niños de acceso a una enseñanza de calidad.

También se tiene consciencia de que el trauma y la violencia son dos aspectos de un mismo proceso. Para hacer una auténtica labor de prevención de la violencia en la escuela, debemos atender el trauma, en su dimensión personal, vincular, institucional, social y cultural.

Se trata de hacer algo diferente. Es fundamentalmente una forma de estar. Un aprender a ver más allá de lo evidente. De enseñar a generar conocimiento de la experiencia. De vincularse, y mantener como adultos, la sensibilidad humana en el centro.

¿Qué es una escuela sensible al trauma?

Comprensión compartida del impacto del trauma

Toda la comunidad escolar —docentes, directivos, personal de apoyo, familias— comparte un conocimiento básico sobre qué es el trauma, cómo afecta al cerebro, al cuerpo, al comportamiento y al aprendizaje.

Se parte de la base de que las experiencias adversas en la infancia pueden producir dificultades de aprendizaje, conducta y convivencia, que se entienden como señales de desregulación del sistema nervioso.
Comprender esto cambia la manera de relacionarse con el alumnado.

Entender que la memoria de esas vivencias se guardan también en nuestros cuerpos adultos, nos coloca en un lugar de oportunidad y responsabilidad.

Entornos seguros: física, emocional y académicamente

El centro educativo se organiza para que todos sus espacios —aulas, pasillos, patios, comedor— sean lugares predecibles, estructurados, amables y emocionalmente seguros.

El alumnado necesita saber que puede confiar, que el error no será castigado; la experiencia de aprendizaje ha de ser accesible para todxs.

La cultura de la escuela en lo que se refiere al conflicto ha de ser restaurativa.

El espacio de la escuela cuenta con lugares, materiales y programas destinados a la regulación y apoyo de los integrantes de la comunidad educativa.

Relaciones sólidas y estables con adultos confiables

Uno de los ejes centrales del modelo es el vínculo entre los adultos de la escuela y el alumnado. La investigación demuestra que una relación afectiva con al menos una persona adulta significativa en la escuela puede tener un enorme poder reparador.

Las escuelas sensibles al trauma fomentan relaciones consistentes, cálidas y de confianza, que permiten a los estudiantes regularse emocionalmente, desarrollar resiliencia y sentirse valiosos.

La figura del maestro o maestra es esencial en el modelado del funcionamiento del sistema nervioso de los niños y la construcción de su sistema secundario de apego.

La seguridad se construye con experiencias repetidas de coherencia, vínculo y pertenencia.

Prácticas pedagógicas adaptadas

El enfoque propone ajustar la enseñanza a las necesidades de los alumnos que han vivido trauma desde la comprensión neurobiológica. Sabiendo que esto repercute positivamente en todos los niños y niñas.


Esto incluye:

  • Flexibilizar tiempos y exigencias en momentos de desregulación.
  • Incluir prácticas de autorregulación y conciencia corporal.
  • Promover rutinas claras y límites predecibles que generen seguridad.
  • Usar un lenguaje respetuoso y no reactivo ante las conductas difíciles.

La escuela se convierte en un entorno que acompaña el desarrollo de cada niño y niña.

Colaboración con familias y comunidad

El vínculo entre la escuela y las familias se fortalece con acciones que invitan a la participación, promueven la confianza mutua y reconocen la experiencia familiar como parte del proceso educativo.
La comunidad escolar se abre, escucha, incluye. «Se necesita toda una tribu para educar a un niño».

Las Asociaciones de Familias de Alumnos juegan un papel fundamental en la creación de una cultura de convivencia segura y restaurativa.

También se promueve la conexión con recursos externos de salud mental y apoyo social, facilitando el acceso del alumnado a redes de cuidado más amplias.

Trabajo institucional en red

Una escuela sensible al trauma no depende de la buena intención de algunas personas aisladas, sino que funciona como un sistema.
Esto implica que sea una decisión que parte del equipo directivo. E incluye:

  • Formación continua del profesorado y todo el personal.
  • Espacios oficiales para revisar prácticas y mejorar el clima escolar.
  • Acompañamiento a los equipos directivos para sostener el cambio organizacional.
  • Evaluación constante y ajustada del impacto de las medidas.


Un enfoque integral, basado en el respeto y la reparación

El modelo de Escuela Sensible al trauma se basa en crear escuelas en las que todas las personas se sientan seguras, valoradas y capaces de aprender y desarrollarse
Una escuela sensible al trauma entiende que al cuidar de sus adultos, al promover el bienestar docente, al construir comunidad… se está cuidando a la infancia; previniendo el abandono, el conflicto y el sufrimiento innecesario. Reparando las grietas que cualquiera de los niños y niñas a los que acompañamos ha podido encontrarse en su proceso de desarrollo, en su sensación de pertenencia y valor.

La innovación educativa al servicio de la sensibilidad de las personas

Aquí, se vive

Trabajamos con una mirada sistémica y relacional, que entiende la escuela como un ecosistema donde todo está conectado: los equipos, el alumnado, las familias, los espacios, los gestos cotidianos.

Proponemos una innovación educativa que se conecta con lo real, con las personas que crean y sostienen la comunidad educativa día a día.

Nuestra propuesta pone en valor lo humano, la cultura que creamos juntas.
Transformar la escuela empieza por mirar el presente con honestidad, presencia y compromiso.

La ciencia del vínculo: educar desde el apego y el cuerpo

Nuestra propuesta está respaldada por los aportes de la neurociencia, la teoría del apego y la educación somática. Sabemos, gracias a la evidencia, que un entorno emocionalmente seguro activa las funciones cerebrales necesarias para aprender, explorar y confiar.

Por eso trabajamos con el cuerpo, el vínculo y la regulación emocional como pilares pedagógicos. Integramos:

  • principios de neurobiología relacional y regulación emocional y somática,
  • comprensión profunda del impacto del trauma en el desarrollo,
  • y propuestas vivenciales para fortalecer la co-regulación entre adultos y estudiantes.

¿Por dónde se empieza?

  • Con una formación para el claustro.
  • Con un taller para las familias.
  • Con una conversación con el equipo directivo.
  • O con una pausa para sentir qué soñamos para la educación.

Lo importante es empezar. Y no hacerlo solos.

“Una escuela sensible puede

cambiar el mundo”

Alicia Domínguez

Soy psicóloga, formadora y acompañante de procesos educativos sensibles al trauma.
Mi trabajo integra la neurociencia, la educación somática, la teoría del apego, el focusing y la mirada sistémica.

Creo —profundamente— que una escuela sensible puede cambiar el mundo.
Desde adentro. Desde lo humano. Desde lo posible.

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