¿Por qué necesitamos aulas sensibles al trauma? El impacto del trauma infantil en el aprendizaje

El trauma infantil no es una excepción. Es una realidad silenciosa que atraviesa muchas historias infantiles, incluso cuando no es visible a simple vista. Lo que ocurre en la vida de un niño o niña en contextos de adversidad tiene un impacto profundo y duradero en su manera de pensar, sentir, relacionarse y aprender. Desde la neurociencia, sabemos hoy que estas experiencias dejan huella en el sistema nervioso, afectando la capacidad de regular emociones, mantener la atención o confiar en los demás. Pero también sabemos que el vínculo humano puede ser reparador. Que un entorno seguro puede marcar la diferencia. Y que la escuela puede ser ese lugar.

La investigadora Patricia A. Jennings, pionera en educación sensible al trauma, plantea que la escuela no solo es un lugar de instrucción, sino un potencial espacio de reparación emocional. Sus estudios muestran que el entorno escolar y, especialmente, la relación con el docente, pueden convertirse en factores protectores clave para niños y niñas que han atravesado situaciones traumáticas.

«Los docentes pueden marcar una gran diferencia. La escuela podría ser uno de los lugares donde los alumnos expuestos a grandes retos en casa encuentren seguridad y estabilidad».

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El impacto del trauma en el desarrollo

Cuando un niño vive situaciones de abuso, negligencia, violencia doméstica o inestabilidad constante, su cerebro entra en un modo de supervivencia. Esto altera el funcionamiento de áreas como la corteza prefrontal (responsable del juicio y la planificación) y activa de forma sostenida la amígdala (que regula el miedo y las respuestas de amenaza). Como consecuencia, estos niños pueden parecer distraídos, hiperactivos o desafiantes. Pero en realidad, están tratando de sobrevivir.

En palabras de Jennings, muchas veces «el adulto más estable y emocionalmente disponible que tiene contacto con el niño es su maestro».

Esto convierte al docente en una figura clave, capaz de modelar lo que es un adulto regulado, confiable y afectuoso. La escuela, entonces, puede convertirse en un «santuario«, una palabra que Jennings utiliza para describir ese espacio donde el alumno se siente protegido y sostenido.

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La importancia de los primeros años

Este potencial reparador es especialmente crítico en infantil y primaria. Una experiencia escolar positiva en los primeros años puede moldear la percepción del niño sobre la educación durante toda su vida. Si ese niño ha tenido vínculos inseguros o ha vivido adversidad en casa, un docente sensible y acogedor puede contrarrestar esos patrones y abrir un nuevo camino de confianza y seguridad relacional.

Jennings lo resume con claridad: «un docente que muestra comprensión y calidez desde el inicio puede prevenir que el alumno desarrolle patrones negativos en su relación con futuros profesores».

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¿Y qué significa ser una escuela sensible al trauma?

Significa entender que el comportamiento de un niño no siempre es lo que parece. Que detrás de la agitación, la retirada o el conflicto puede haber dolor, miedo, confusión. Significa crear un entorno predecible, seguro y emocionalmente disponible. Pero, sobre todo, significa apostar por el poder del vínculo humano como herramienta de sanación.

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En la próxima entrada de esta serie, te compartiré las claves pedagógicas que propone Patricia Jennings para construir aulas verdaderamente compasivas.


¿Te interesa transformar tu aula en un espacio sensible al trauma? Sigue leyendo la serie o escríbeme para acompañarte en este camino.

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Formación para el profesorado «Ser Sensible en la Educación»

web Sensitive Clasroom https://wwnorton.com/books/The-Trauma-Sensitive-Classroom/