Una niña que se agita y molesta cada vez que el grupo trabaja en silencio. Un adolescente que responde con ira a una corrección mínima. Un niño que parece ausente, ajeno a todo lo que ocurre a su alrededor.
Estas situaciones no son nuevas para quienes acompañan infancia y adolescencia en la escuela. Lo que sí es nuevo es el marco desde el que podemos comprenderlas: el trauma no solo deja huella en la historia vital de un alumno o alumna, sino también en su cuerpo, en su forma de estar en el aula, de vincularse, de protegerse.
¿Qué comunica el comportamiento?
El trauma deja una huella en el sistema nervioso. Niños y niñas que han vivido experiencias adversas pueden pasar gran parte del tiempo en estado de alerta (hiperactivación) o en desconexión (hipoactivación). Eso impacta en su manera de moverse, de hablar, de prestar atención, de relacionarse.
“No todos los niños que han vivido trauma se portan ‘mal’, pero muchos niños etiquetados como problemáticos han vivido trauma.” — TLPI
Una respuesta agresiva puede ser una forma de protegerse. La inatención puede ser una desconexión aprendida para sobrevivir. El control excesivo puede ser una estrategia para evitar lo imprevisible. No se trata de justificar, sino de comprender.
En contextos sensibles al trauma, el comportamiento no se castiga sin más. Se lee. Se escucha. Se acompaña.
El trauma altera la percepción del mundo
Cuando un niño ha vivido experiencias que han puesto en riesgo su seguridad emocional o física —como violencia, abandono, enfermedad grave, discriminación o separaciones tempranas—, su sistema nervioso aprende a estar en alerta constante. Esto puede implicar:
- Interpretar como amenaza lo que no lo es (una mirada, un cambio de rutina, una corrección)
- Anticipar el rechazo o el abandono
- Disociarse de la experiencia presente para protegerse del dolor
- Desarrollar estrategias de control o evitación como forma de sobrevivir
Nada de esto es consciente. Y mucho menos es voluntario.
“El comportamiento de un niño traumatizado no es una elección. Es una respuesta.”
— Helping Traumatized Children Learn
Señales frecuentes del trauma en el aula
No hay un único perfil. Pero sí patrones que merecen atención. Algunas expresiones posibles:
- Comportamientos desafiantes, provocadores o disruptivos sin una causa aparente
- Hiperactividad persistente, impulsividad o dificultad para seguir normas básicas
- Retraimiento, bloqueo, apatía, falta de respuesta emocional
- Miedo exagerado al error o al juicio, necesidad de control
- Dificultades en el vínculo con adultos o iguales
- Sensibilidad extrema al cambio, al tono de voz, al contacto físico
- Reacciones emocionales desproporcionadas ante conflictos menores
A menudo, estos comportamientos se interpretan como falta de límites, desinterés, inmadurez o mala educación. Pero cuando hay trauma, son respuestas adaptativas. El niño o la niña hace lo que puede para sentirse seguro.
El error frecuente: sancionar lo que en realidad es una llamada de ayuda
Cuando el comportamiento desafiante se enfrenta exclusivamente con castigo, se refuerza la amenaza y se profundiza el aislamiento. No significa que no haya consecuencias. Pero las consecuencias, en una escuela sensible al trauma, no se aplican para controlar, sino para sostener. Para enseñar otra forma posible de estar en el mundo.
“Lo que castigas, se esconde. Lo que comprendes, se transforma.”
¿Cómo podemos responder desde una mirada sensible al trauma?
Cuando interpretamos estas conductas como problemas de disciplina, aplicamos castigos. Pero cuando las leemos como manifestaciones de malestar o estrategias de supervivencia, la respuesta cambia. Algunas claves básicas:
🟡 Preguntar antes que sancionar: ¿Qué puede estar ocurriendo en este niño o niña para que necesite actuar así?
🟡 Regular antes que razonar: Un cuerpo en alerta no puede aprender ni reflexionar. Primero, seguridad. Luego, conversación.
🟡 Establecer límites seguros y no amenazantes: El trauma necesita contención, no permisividad ni rigidez excesiva.
🟡 Ofrecer previsibilidad: Rutinas, lenguaje claro, avisos de cambios, horarios visibles. El sistema nervioso lo agradece.
🟡 Favorecer la reparación del vínculo: Después de un conflicto, volver a conectar es más importante que resolverlo todo.
Un cambio de mirada (y de cultura escolar)
El enfoque sensible al trauma no reemplaza la autoridad ni elimina las normas. Pero nos invita a no quedarnos en la superficie. Porque cuando entendemos la conducta como expresión de una historia que aún no ha podido contarse, abrimos la posibilidad de acompañar de verdad.
Acompañar con humanidad, sin romantizar el trauma
Mirar con sensibilidad no significa aceptar todo. Significa saber qué hay debajo. Significa sostener la ambivalencia entre la empatía y el límite, entre la contención y la estructura. Y sobre todo, significa hacer del aula un espacio donde se cuida lo que aún no pudo ser dicho.
¿¿Cuántas veces lo que interpretamos como desobediencia es, en realidad, miedo?
Comparte esta entrada en tu claustro y abrid un espacio de reflexión sobre cómo acompañar sin juzgar. Porque muchas veces, lo que más necesita ese niño que “no se porta bien”… es un adulto que sepa mirar más allá de la conducta.
Esta entrada forma parte de la serie “Escuelas que reparan”, basada en los informes del Trauma and Learning Policy Initiative (TLPI). 3/9


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