El Flexible Framework: seis claves para construir una escuela sensible al trauma

¿Qué hace falta para que una escuela deje de ser un lugar que activa el sistema de defensa del alumnado… y se convierta en un espacio que favorezca la regulación, el vínculo y el aprendizaje real?

Responder al impacto del trauma en la infancia no puede ser responsabilidad exclusiva del departamento de orientación, ni limitarse a intervenciones individuales. Se necesita un cambio organizativo. Una nueva manera de pensar la escuela desde dentro.

El Flexible Framework, desarrollado en Massachusetts por el Trauma and Learning Policy Initiative, ofrece una hoja de ruta clara y adaptable. Un modelo estructural —no un programa cerrado— que ayuda a los centros educativos a desarrollar prácticas sostenidas, coherentes y centradas en la seguridad relacional.

¿Por qué es necesario un marco estructural?

Porque el trauma es relacional, sistémico y silencioso. Sus efectos no se localizan en una conducta puntual, sino que afectan la forma en que el alumnado percibe el entorno, se vincula con la autoridad o procesa la información. Si una escuela quiere ofrecer una experiencia educativa reparadora, necesita una cultura organizativa que lo haga posible.

Y para eso, no basta con sumar actividades: hay que transformar fundamentos.


Los seis componentes del Flexible Framework

Este modelo propone seis dimensiones que cualquier centro puede trabajar desde su realidad. No importa por cuál empieces: lo importante es que empieces.

1. Liderazgo comprometido

El primer paso es que el equipo directivo asuma el enfoque sensible al trauma como parte del proyecto educativo. No como un añadido, sino como una base. Esto implica revisar el reglamento interno, cuidar los climas de reunión, observar el tipo de autoridad que se ejerce y dar ejemplo en el cuidado de los equipos.

2. Apoyo al personal escolar

Una escuela sensible al trauma cuida a quienes sostienen el día a día: el profesorado, el equipo de comedor, los monitores de patio, el personal de administración. Eso se traduce en formación, espacios de escucha, protocolos claros y una cultura que legitime el cuidado como parte de lo profesional.

3. Entorno seguro y conectado

La seguridad es más que vigilancia o control: es previsibilidad, respeto y sentido de pertenencia. Los espacios físicos, los tonos de voz, las rutinas, las transiciones entre actividades… todo puede ser regulador o desregulador. Una relación estable con una figura adulta puede ser el punto de inflexión en la trayectoria de un niño o niña.

4. Prácticas pedagógicas adaptadas

El trauma interfiere con la atención, la memoria de trabajo, la confianza y la regulación. Por eso, el marco propone una enseñanza explícita, estructurada y ajustada. Se trata de crear condiciones para que cada alumno pueda aprender desde donde está, no desde donde debería estar.

5. Acceso a servicios integrados

El centro educativo no puede hacerlo todo. El Flexible Framework anima a establecer alianzas con servicios de salud mental, entidades sociales, profesionales del barrio o recursos comunitarios. La clave está en que la escuela sea nodo, no frontera.

6. Participación de las familias

Las familias no son problemáticas ni ausentes: son aliadas, si se construye confianza. Las escuelas sensibles al trauma evitan la mirada juzgadora y crean canales de comunicación accesibles, acogedores y horizontales. La colaboración empieza con el reconocimiento de la historia y las condiciones de cada familia.


Un marco que inspira, no que impone

El Flexible Framework no es una receta única. Es un conjunto de orientaciones para que cada comunidad educativa defina su camino, con honestidad y con compromiso. Algunas escuelas comienzan fortaleciendo el clima docente. Otras revisan sus normas de convivencia. Lo importante es entender que cada ajuste suma a una transformación más profunda.

Y lo esencial: no se trata de aplicar más presión al profesorado, sino de generar una cultura organizativa donde el cuidado deje de ser una tarea heroica y pase a ser una responsabilidad compartida.


¿Por dónde podría empezar tu centro educativo?
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Esta entrada forma parte de la serie “Escuelas que reparan”, basada en los informes del Trauma and Learning Policy Initiative (TLPI). 2/9