Cuidar a quienes cuidan: el rol del personal escolar en una escuela sensible al trauma

Para que un niño o una niña pueda aprender, necesita sentirse seguro. Y para que eso ocurra, necesita estar acompañado por un adulto que sea una base reguladora, una presencia estable, un referente emocional.

Pero ¿qué pasa cuando ese adulto está agotado, desbordado o solo?
¿Qué pasa cuando cada día contiene una dosis de tensión que no se puede nombrar ni compartir?

En las escuelas sensibles al trauma, el cuidado del profesorado es el eje.


La escuela también puede doler

Quienes trabajan con infancia conocen bien esa sensación: terminar la jornada con el cuerpo en alerta, llevarse a casa las historias de dolor, sentir que nunca se llega del todo.

El trauma vicario es real. Ocurre cuando, al acompañar el sufrimiento ajeno, ese dolor se filtra, se instala, desgasta. Y se suma al propio.

La sobreexigencia, la falta de espacios de apoyo, la presión institucional o la impotencia ante situaciones límite generan un terreno fértil para el desgaste por empatía o el burnout relacional.

“No se puede sostener a un niño en crisis si tú también estás cayendo.”


Acompañar sin agotarse: ¿es posible?

Sí. Pero no se logra a base de fuerza de voluntad o resiliencia individual. Requiere cultura organizativa. Requiere estructuras. Requiere permiso institucional para cuidarse.

Aquí algunas claves:

🟡 Cuidar los vínculos entre adultos
Un equipo que se escucha, que se legitima, que se acompaña, es un factor protector. Los climas laborales seguros también regulan.

🟡 Formación emocional para el profesorado
Conocer cómo actúa el trauma, cómo opera la desregulación, cómo regularse en lo cotidiano… no es psicologizar al docente, es darle herramientas.

🟡 Espacios para hablar del impacto del acompañamiento
No solo reuniones para planificar, sino también para sostenernos. Supervisión, intervisión, conversación con propósito.

🟡 Protocolos claros para situaciones difíciles
Saber qué hacer cuando un alumno lanza una silla o se encierra en el baño reduce la ansiedad y da seguridad.

🟡 Autocuidado como práctica compartida
No como responsabilidad individual aislada (“haz yoga y respira profundo”), sino como cultura de centro: pausas, validación, límites, apoyo mutuo.


El modelo adulto importa mucho

En una escuela sensible al trauma, el estado interno del adulto es parte del contenido pedagógico. El alumnado aprende no solo lo que se enseña, sino cómo se sostiene la vida en común.

Si el profesorado vive con miedo a equivocarse, a ser juzgado, a pedir ayuda… eso se transmite. Si puede respirar, regularse, pedir apoyo… eso también se transmite.

“Una comunidad educativa regulada puede ofrecer experiencias reparadoras solo con estar.”


No es un extra: es la base

Cuidar al personal escolar no es una cuestión de secundaria. Es una estrategia de sostenibilidad, justicia y transformación. Porque nadie puede dar lo que no recibe. Y una escuela no puede ser sensible al trauma si su gente está desbordada.


¿Cómo cuida tu centro a quienes sostienen cada día?
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Abrid una conversación honesta: ¿qué necesitamos para acompañar sin rompernos?

Esta entrada forma parte de la serie “Escuelas que reparan”, basada en los informes del Trauma and Learning Policy Initiative (TLPI). 4/9