En el día a día escolar, el contacto con las familias es constante, aunque a veces resulte complejo. Hay familias que acuden con frecuencia y otras que apenas responden a los mensajes. Algunas se muestran abiertas al diálogo, otras llegan tensas o muy preocupadas. Cada una con su estilo, su historia y sus posibilidades.
En el marco de una escuela sensible al trauma, la relación con las familias se cultiva desde el reconocimiento: todas las familias, independientemente de su nivel de participación, desean lo mejor para sus hijos e hijas. Y todas merecen ser acogidas con respeto.
Comprender los contextos
La forma en que una familia se vincula con la escuela puede estar atravesada por muchas variables. No siempre responde al nivel de implicación o de interés. A veces influye la disponibilidad, otras veces la confianza. También influyen experiencias previas, situaciones personales, barreras idiomáticas o culturales, e incluso miedos que no siempre se expresan con palabras.
Por eso, es importante interpretar sus formas de relación con la escuela con una mirada abierta, que contemple la diversidad de trayectorias y condiciones, en lugar de asumir conclusiones rápidas.
Pequeños gestos que construyen vínculos
Fortalecer la relación con las familias no requiere grandes estructuras. Muchas veces, los cambios sostenibles comienzan con prácticas cotidianas:
- Facilitar canales de comunicación diversos y accesibles
- Cuidar el lenguaje con el que se hacen las convocatorias o los avisos
- Agradecer la presencia, la escucha o el esfuerzo, aunque sea parcial
- Compartir avances o detalles positivos, no solo incidencias
- Incluir la mirada familiar en las estrategias de acompañamiento
Estos gestos generan una atmósfera de respeto mutuo que favorece la cooperación, especialmente en situaciones delicadas.
Participar también es confiar
Cuando una familia siente que puede expresar dudas, pedir ayuda o compartir información sensible sin temor a ser juzgada, la relación educativa se fortalece. Y cuando el equipo docente puede comunicar con claridad, desde una posición de respeto, también gana en legitimidad.
La participación no es solo presencia física en reuniones o actividades. También es la posibilidad de sentirse parte, de ser escuchada, de aportar saberes y recibir apoyo cuando se necesita.
Claves para el acompañamiento familiar en contextos de trauma
En situaciones donde el alumnado ha vivido experiencias adversas, el vínculo con la familia cobra un valor especial. Algunas claves para acompañar desde la sensibilidad:
- Preguntar por las fortalezas del niño o niña en casa
- Validar los esfuerzos familiares en momentos difíciles
- Nombrar con delicadeza lo que preocupa y escuchar antes de proponer
- Mantener la relación más allá de los momentos de conflicto
- Derivar con cuidado si es necesario, explicando recursos y acompañando los pasos
Fortalecer la relación entre la escuela y las familias es un proceso que requiere tiempo, atención y constancia. No se trata de exigir una forma concreta de participación, sino de generar las condiciones para que esa participación sea posible.
Desde el enfoque sensible al trauma, cultivar la confianza con las familias es parte esencial del acompañamiento educativo.
¿Cómo se sienten las familias cuando llegan a tu centro? ¿Qué señales les damos?
Comparte esta entrada con tu equipo y explorad juntas posibles formas de fortalecer la confianza y la colaboración.
Esta entrada forma parte de la serie “Escuelas que reparan”, basada en los informes del Trauma and Learning Policy Initiative (TLPI). 5/9


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